¿Puede ser rd un pais ocde?

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es una organización internacional que agrupa a 38 países comprometidos con promover políticas públicas que mejoren el bienestar económico y social de las personas. Ser miembro de la OCDE implica cumplir con altos estándares en áreas como gobernanza, transparencia, competitividad y desarrollo sostenible. Los países miembros adoptan políticas que fomentan la estabilidad económica, la inclusión social y el crecimiento basado en la innovación, lo que les permite ser actores clave en la economía global. Alcanzar este estatus no es solo un símbolo de prestigio, sino una señal de que un país ha logrado un nivel de desarrollo y eficiencia que lo posiciona entre las economías más avanzadas del mundo.

La República Dominicana, sin embargo, se enfrenta a retos significativos en su camino hacia este nivel de desarrollo. En lugar de adoptar las reformas estructurales necesarias para acercarse a estos estándares, Abinader ha optado por propuestas insustanciales que no atacan los problemas fundamentales. Para que RD logre realmente transformarse y alcanzar un desarrollo sostenible a largo plazo, es esencial que se fije una meta ambiciosa: convertirse en un país miembro de la OCDE en las próximas dos décadas.

El reto de la OCDE: un objetivo transformador

Aspirar a que la República Dominicana sea miembro de la OCDE implicaría un compromiso con reformas profundas que modernicen la economía. Este objetivo debe guiar cualquier plan de desarrollo: un horizonte claro que marque el camino hacia una economía innovadora, verdaderamente competitiva, más transparente, eficiente y equitativa.

Ingresar a la OCDE nos daría niveles de competitividad, gobernanza y estabilidad suficientes para ser relevante en la economía global. Para ello, es esencial fomentar la inversión, reducir barreras regulatorias y construir un marco legal que permita a las empresas crecer sin depender del gobierno. Solo un compromiso serio con este objetivo romperá la dependencia estructural del Estado y liberará el verdadero potencial de nuestro pais.

La adicción a los recursos públicos

El problema de fondo de la economía dominicana no radica solo en los desafíos fiscales o coyunturales, sino en la relación desproporcionada entre el sector público y privado. El Estado, como principal empleador y cliente, ha creado un sistema perverso donde la inversión privada depende de las decisiones gubernamentales, limitando la innovación y el crecimiento independiente.

Las reformas presentadas hasta ahora perpetúan esta distorsión, en lugar de corregirla. La República Dominicana necesita urgentemente reducir esta dependencia y promover un sector privado competitivo, capaz de liderar el crecimiento sin depender de los recursos públicos.

Una reforma fiscal sin concesiones

El enfoque fiscal actual se centra en aumentar la recaudación en lugar de construir un sistema tributario justo y eficiente. El aumento de impuestos como el ITEBIS y la intención de gravar plataformas digitales impactan negativamente a la clase media, que ya soporta una carga desproporcionada. Más que una reforma fiscal, el país requiere una reforma económica integral que simplifique la estructura tributaria y fomente el crecimiento a través de la formalización del mercado laboral.

Un sistema fiscal justo promueve la inclusión y facilita la inversión. Ampliar la base tributaria debe ser la prioridad, y esto se logra solo mediante la formalización del empleo y la creación de un entorno propicio para el desarrollo empresarial.

Formalización del mercado laboral: el verdadero motor del cambio

La informalidad laboral es uno de los principales obstáculos para el desarrollo del país. Las reformas propuestas hasta ahora no han sido suficientes para abordar este problema. Sin un mercado laboral formalizado, se pierden ingresos fiscales, se perpetúan condiciones laborales precarias y millones de ciudadanos ven limitado su acceso a la seguridad social y las pensiones.

La formalización debe ser el eje de cualquier reforma estructural. Crear incentivos para que el sector privado formalice sus operaciones es esencial para construir una economía más equitativa y eficiente. Solo un mercado laboral formal garantizará empleos de calidad, reducirá la desigualdad y asegurará la sostenibilidad fiscal a largo plazo.

Reequilibrar la relación entre el Estado y el sector privado

La transformación económica de la República Dominicana no será posible sin un reequilibrio en las relaciones entre el Estado y el sector privado. El éxito empresarial no debe depender de acceder a contratos públicos o exenciones fiscales. El sector privado debe convertirse en el principal generador de empleo y riqueza. Para lograrlo, el Estado debe asumir un rol distinto: ser facilitador de condiciones justas, no el actor central de la economía.

Por cada peso que el Estado invierta, el sector privado debe generar el doble. Este reequilibrio no solo es cuestión de eficiencia, sino de liberar el potencial productivo del país, reduciendo la dependencia del Estado y fomentando una economía basada en la competencia y la innovación.

Un nuevo pacto económico con la mirada en la OCDE

La República Dominicana necesita una transformación profunda que fomente un sector privado fuerte, formal y competitivo, y una economía menos dependiente del gasto público. Aspirar a ser miembro de la OCDE es un objetivo realista y alcanzable si se implementan las políticas adecuadas.

El país debe encaminarse hacia un futuro donde el sector privado lidere el crecimiento y el Estado asuma su rol como regulador y facilitador. Solo así construiremos una nación competitiva, equitativa y próspera, capaz de enfrentar los desafíos del siglo XXI.

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