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Las historias de engaño y manipulación suelen ser espejos que nos muestran lo oscuro del ser humano cuando se deja seducir por la mentira. Sharper: El Plan Perfecto, una película dirigida por Benjamin Caron y protagonizada por Julianne Moore, presenta a Madeline, un personaje que hace del engaño su forma de vida. En ella encontramos sorprendentes similitudes con Abinader un líder que, al igual que Madeline, hace del engaño su principal herramienta para alcanzar y mantener el poder.

Madeline, en Sharper, se mueve como una maestra de la manipulación, conquistando la confianza de sus víctimas. Pero, lo que hace poderosa esta historia es cómo, poco a poco, sus mentiras terminan volviéndose en su contra, atrapándola en una red de la cual no puede escapar. Del mismo modo, Abinader llegó al poder con promesas que resonaban como un canto de esperanza para el rebaño de tontos que le votó. 

Al igual que Madeline, Abinader mantiene el poder a base de manipulaciones cuidadosamente diseñadas. En la película, Madeline usa su astucia para asegurar que sus objetivos se mantengan siempre al alcance, sin medir las consecuencias a largo plazo. Así también, Abinader recurre a tácticas de distracción, como el apresamiento tardío de Hugo Beras, o las deportaciones artificiales de haitianos. Estas medidas generan un espectáculo mediático que desvía la atención del verdadero problema: la inminente reforma fiscal que amenaza con golpear a la clase media y empeorar la calidad de vida de todos los dominicanos.

El desenlace de Sharper nos muestra cómo Madeline cae víctima de sus propias manipulaciones. Las mentiras que la llevaron a conseguir lo que quería se convierten en su mayor condena. Al final, su poder se desvanece y su vulnerabilidad queda expuesta. Abinader parece seguir un camino similar. La estrategia basada en distracción y engaño puede funcionar durante un tiempo, pero la realidad siempre encuentra la forma de emerger. La historia ha mostrado que el costo de construir un proyecto político sobre la manipulación es, a menudo, su colapso.

El paralelismo entre Madeline y Abinader no solo está en sus métodos, sino también en sus destinos. Madeline creyó que podía sortear la verdad indefinidamente, pero al final la realidad la atrapó. De manera similar, el pueblo dominicano, como los personajes de Sharper, terminará descubriendo que el cambio prometido por Abinader no es más que una ilusión cuidadosamente construida para mantener el control mientras se ejecutan acciones truculentas.

Las maniobras de distracción no serán suficientes cuando la clase media, afectada por la reforma fiscal, se dé cuenta del costo real de sus promesas incumplidas. En ese momento, la verdad saldrá a la luz y los engaños que alguna vez funcionaron se convertirán en las cadenas que pondrán fin a su mandato.

Las apariencias pueden sostenerse durante un tiempo, pero eventualmente, los cimientos frágiles que las sustentan se desmoronan. Tal como Madeline perdió todo en el laberinto de sus mentiras, Abinader terminara enfrentando un desenlace igualmente inevitable y triste. Como en Crimen y Castigo de Dostoyevski: “El hombre que tiene conciencia sufre mientras reconoce su maldad. Ademas del presidio, ese es su castigo .” Aunque Abinader carezca de conciencia para reconocer su maldad, el presidio será su destino. 

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