El PRD ante el 2028.

PRD billboard reading “2028 ¡NUESTRA META!” on a city street

La vieja máxima, tradicionalmente atribuida a San Ignacio de Loyola, que advierte: «En una fortaleza sitiada, toda disidencia es traición.» contiene una enseñanza política elemental: cuando una organización enfrenta una batalla decisiva, la dispersión, las agendas particulares y las luchas internas terminan favoreciendo a quien tiene enfrente.

El Partido Revolucionario Dominicano vive precisamente un momento que exige cohesión, claridad de propósito y concentración de esfuerzos. Nuestra primera responsabilidad es culminar exitosamente la reorganización de nuestras estructuras y convertir inmediatamente esa organización en movilización política. Se trata de consolidar al PRD como espacio opositor inequívoco frente al PRM y articulador de la oposición dominicana de cara al 2028.

Ell PRM no es simplemente un adversario ni un competidor electoral: es nuestro enemigo. Por eso, entre el PRD y el partido de gobierno debe existir una distancia  infinita, absoluta y total. Un perredeísta genuino debe mantener esa distancia en su conducta: no buscar favores, ni procurar empleos, ni gestionar contratos, ni privilegios de funcionarios del PRM, ni convertir sus despachos o espacios sociales en escenarios de acercamientos políticos particulares. 

Precisamente esa distancia infinita frente al PRM es la que debe conferir al PRD autoridad para convocar y articular a la oposición. La concertación no contradice nuestra definición opositora: nace de ella. Solo un partido claramente situado frente al gobierno, coherente en su conducta y firme en sus posiciones puede reclamar legitimidad para convertirse en punto de encuentro de quienes aspiran a construir una alternativa para 2028. Nuestra tarea, por tanto, exige también convocar, organizar y articular a quienes comparten el propósito de producir una alternativa democrática de poder.

Por eso debemos impulsar desde ahora una amplia concertación opositora que reúna partidos, movimientos y sectores independientes, identificando coincidencias fundamentales sin exigir renuncias innecesarias a sus identidades particulares. El objetivo debe ser construir las bases de una alternativa electoral para 2028 y una boleta competitiva capaz de aumentar sustancialmente nuestra representación municipal, congresual y nacional.

Una estrategia semejante exige continuidad y cohesión. Por eso considero que Miguel Vargas Maldonado debe continuar al frente del PRD y que la actual dirección debe ser ratificada durante esta etapa, para que la reorganización emprendida pueda traducirse en movilización, oposición efectiva y crecimiento electoral.

Las aspiraciones individuales son legítimas y tendrán su momento. Hoy nuestra ruta debe ser una sola: reorganización, movilización, oposición, concertación, crecimiento electoral y poder.

El tiempo de las aspiraciones llegará. El tiempo de ahora pertenece al PRD.

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