Una coalición para ejercer el poder

Las alianzas políticas dominicanas preceden a Trujillo. En 1924, la Alianza Nacional Progresista llevó al poder a Horacio Vásquez y Federico Velázquez. En 1930, enfrentó, bajo represión, a la Confederación de Partidos que postuló a Trujillo y Estrella Ureña. El Acuerdo de Santiago, el Acuerdo de Santo Domingo y el Frente Patriótico demostraron después la capacidad de articular fuerzas distintas alrededor de objetivos decisivos. La Alianza Rosada y el Bloque Progresista prolongaron esa experiencia.

Esa trayectoria ofrece una referencia para 2028. Una concertación que reúna al PLD, la Fuerza del Pueblo, el PRD, el BIS, Opción Democrática y el PQDC, abierta a otras organizaciones políticas, sociales y ciudadanas es un deber civico, moral y patriótico para los dominicanos de bien. Una fórmula electoral común es imprescindible para convertir esa convergencia en una alternativa de poder.

Su alcance, sin embargo, debe corresponder a la responsabilidad que asumirá. Ganar las elecciones, gobernar juntos y sostener política y socialmente al nuevo gobierno forman parte de una misma tarea.

El PRM saldrá del poder en 2028 y dejará al país en un estado de deterioro que exigirá decisiones difíciles.. Esa convicción hace más urgente preparar la fuerza necesaria para enfrentar su herencia.

La legitimidad electoral será el fundamento del nuevo gobierno. Su capacidad de actuación dependerá también del respaldo legislativo, la organización territorial, la competencia administrativa y los acuerdos sociales. La concertación puede reunir esos recursos y darles continuidad durante el ejercicio del poder.

El acuerdo debe comprender una candidatura, un programa y compromisos para ejecutarlo. Articular esas capacidades permitirá acompañar al gobierno cuando las reformas requieran apoyo más allá de las instituciones.

El sentido de Estado se demostrará al emplear esa fuerza en resolver problemas, y transformar lo que perjudica al país. La herencia nefasta del PRM explicará el punto de partida; nuestras decisiones definirán lo que venga después.

La amplia concertación opositora debe conquistar el poder con una fórmula electoral sólida y mantener su cohesión para respaldar al gobierno en la tarea de enderezar el rumbo. Esa continuidad dará alcance y profundidad a una victoria que las futuras generaciones nos agradecerán.

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